Qué es el monóxido de carbono y cómo se produce

El monóxido de carbono se forma cuando la combustión de madera, carbón, pellets, gas u otros combustibles se produce con un aporte insuficiente de oxígeno. En condiciones normales de operación, una chimenea o estufa bien instalada y con la ventilación adecuada produce principalmente dióxido de carbono (CO₂), que se evacua por el conducto de humos. Cuando el aporte de oxígeno es insuficiente —por obstrucción del conducto, ventilación deficiente o fallo en el tiro—, la combustión es incompleta y genera CO.

A diferencia del humo, el monóxido de carbono no tiene color, olor ni sabor. Esta característica lo hace especialmente peligroso: una persona puede estar expuesta a concentraciones elevadas sin percibir ninguna señal sensorial de advertencia.

Causas más frecuentes de emisión de CO en viviendas

  • Conducto de humos obstruido o en mal estado
  • Ventilación insuficiente en el local de instalación
  • Uso de combustibles inadecuados (madera húmeda, materiales tratados)
  • Aparato con mantenimiento deficiente o averiado
  • Retroceso de humos por presión negativa en la vivienda
  • Cierre prematuro del regulador de tiro cuando quedan brasas encendidas

Concentraciones y efectos sobre la salud

El CO actúa bloqueando la capacidad de los glóbulos rojos para transportar oxígeno al unirse a la hemoglobina con mayor afinidad que el O₂. Los efectos dependen de la concentración en el aire (medida en partes por millón, ppm) y del tiempo de exposición.

A concentraciones bajas (por debajo de 70 ppm), los síntomas pueden confundirse fácilmente con los de un resfriado o gastroenteritis: dolor de cabeza leve, mareos y náuseas. A concentraciones superiores (200-400 ppm), la intensidad de los síntomas aumenta y puede producirse desorientación y pérdida de conciencia. Por encima de 800 ppm, la exposición sostenida puede resultar fatal en pocas horas.

Los grupos más vulnerables son los niños, los ancianos, las personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias previas, y los animales domésticos, que a menudo manifiestan los síntomas antes que las personas adultas.

Señales que pueden indicar presencia de CO

Dado que el gas es imperceptible directamente, existen señales indirectas que pueden alertar de una situación de riesgo:

  • Varios miembros del hogar presentan síntomas similares (dolor de cabeza, mareos) simultáneamente.
  • Los síntomas remiten al salir de la vivienda y reaparecen al volver.
  • Las mascotas muestran signos de malestar sin causa aparente.
  • Hay acumulación visible de hollín alrededor de la estufa o chimenea.
  • El fuego tiene una coloración amarillenta intensa o produce mucho humo.

Ante cualquiera de estas señales, es prudente ventilar la vivienda de inmediato, apagar el aparato y revisar el conducto de humos y la ventilación antes de volver a utilizarlo.

Detectores de monóxido de carbono

Tipos disponibles en el mercado

Los detectores de CO domésticos funcionan mayoritariamente con sensores electroquímicos, que reaccionan al gas y generan una señal eléctrica proporcional a la concentración. Existen también modelos con sensor de óxido metálico semiconductor. Ambos tipos activan una alarma sonora cuando la concentración supera un umbral predeterminado.

Los modelos con pantalla digital muestran la concentración en tiempo real (en ppm), lo que permite detectar niveles bajos antes de que se alcancen los umbrales de alarma. Esta función es útil para el seguimiento preventivo.

Dónde instalarlos

El CO tiene una densidad similar al aire (ligeramente inferior), por lo que se distribuye de forma bastante uniforme en el ambiente. Las recomendaciones generales apuntan a instalar el detector en las habitaciones donde se duerme y en las zonas donde están ubicados los aparatos de combustión. La altura de instalación sugerida es entre 1 y 1,5 metros del suelo, aunque los fabricantes pueden especificar alturas distintas según el modelo.

En una vivienda con chimenea o estufa en el salón, una configuración básica incluiría al menos un detector en el salón (a menos de tres metros del aparato) y otro en el pasillo o entrada de la zona de dormitorios.

Mantenimiento y vida útil

Los sensores electroquímicos tienen una vida útil limitada, habitualmente de cinco a diez años dependiendo del fabricante. Transcurrido ese periodo, el detector debe reemplazarse aunque no haya dado alarmas previas. Muchos modelos actuales incluyen un aviso de fin de vida útil. La verificación del funcionamiento se realiza mediante el botón de prueba incorporado, que conviene activar periódicamente (al menos una vez al mes).

Norma de referencia para detectores de CO

Los detectores de CO para uso doméstico en España deben cumplir la norma UNE-EN 50291, que establece los requisitos de funcionamiento, ensayo y marcado. Al adquirir un detector, verifique que dispone del marcado CE y que cumple esta norma.

Protocolo de actuación ante una alerta

Si el detector de CO activa la alarma, o si se sospecha una intoxicación por los síntomas descritos, el protocolo recomendado es:

  1. Salir inmediatamente del edificio o vivienda con todos los ocupantes, incluyendo las mascotas.
  2. Llamar al 112 desde el exterior e informar de la situación.
  3. No volver a entrar hasta que los servicios de emergencia o un técnico hayan verificado que la concentración de CO es segura.
  4. Si hay personas con pérdida de conciencia, no entrar a rescatarlas sin protección respiratoria; esperar a los servicios de emergencia.
  5. Una vez normalizada la situación, no utilizar el aparato hasta que un técnico haya identificado y corregido el fallo.

La Cruz Roja Española y el Ministerio de Sanidad publican periódicamente recomendaciones sobre prevención de intoxicaciones por CO en el hogar. Más información en www.sanidad.gob.es.

Prevención: condiciones de operación segura

La mayoría de los accidentes por CO en viviendas son evitables con medidas básicas de mantenimiento y operación:

  • Revisar y limpiar el conducto de humos al menos una vez al año (antes del inicio de la temporada de calefacción).
  • Utilizar únicamente el combustible para el que el aparato está diseñado.
  • No cerrar el regulador de tiro hasta que las brasas estén completamente apagadas.
  • Mantener una ventilación adecuada en el local durante el funcionamiento.
  • No dejar funcionar el aparato durante la noche en habitaciones donde se duerme, salvo que esté diseñado específicamente para ello y el conducto esté en perfecto estado.
  • Instalar y mantener en funcionamiento al menos un detector de CO en la vivienda.